III.2) Cuestiones de alcance nacional / Luchas a gran escala

Los socialistas libertarios ven con desconfianza muchas movilizaciones y luchas a gran escala, en parte porque suelen estar controladas por representantes de entidades religiosas, activistas profesionales de sospechosas ONG (Organizaciones No Gubernamentales), agitadores de diversos grupos de izquierda marxista o de otras fuerzas políticas, etc. En caso de ser manipuladas por personajes tales, estas luchas se convierten en algo tan vacío que ningún anarquista medianamente despierto se acercaría a semejante cuento. De hecho, el sistema de conducción de muchos de estos grupos es una parte importante del régimen para controlar los movimientos de protesta y canalizarlos hacia niveles asimilables, donde terminan siendo utilizados para fines totalmente distintos a los que originaron su creación.

Ejemplo palpables de semejantes maniobras lo hemos tenido en Venezuela por vía de la injerencia de militantes políticos en estos movimientos, que por mucho tiempo se ha hecho con el evidente propósito de someterlos al control partidista, una táctica que se repite con distintos actores en estos tiempos mal llamados de cambio. Además, el debilitamiento de las organizaciones políticas tradicionales ha permitido que una nueva categoría de arribistas intente construir su prestigio electoral por vía de falsificar o inflar una trayectoria en las luchas y organizaciones de la sociedad civil, que se desnaturalizan al convertirse en meros trampolines para ingresar a cargos en el aparato estatal o perseguir ambiciones de poder.

Mencionemos también la expansión de tantas ONG de interesado “apoliticismo” y extraña indiferencia a todo lo que esté fuera de su muy restringido campo de actividad, que han resultado instrumentos inmejorables para que el Estado, la Iglesia o los empresarios domestiquen las más variadas luchas sociales. Sin embargo, tampoco todas son sospechosas y muchos ácratas creen que es positivo involucrarse junto a ellas en campañas como las relacionadas con el ecologismo, el antimilitarismo, movimientos pro-derechos humanos, contra la discriminación étnico-cultural o sexual o religiosa, etc. El argumento es que, gracias a esto, algunas personas pueden comenzar a involucrarse en acciones directas en la defensa de sus intereses y llegar a conocer propuestas anarquistas por el contacto con los libertarios que intervienen en la misma lucha.

Además, las campañas que aportan temas esenciales a la atención pública generan oportunidades de mostrar que los males particulares están relacionados con la situación general y que hay la necesidad de una revolución ya que todo se encuentra vinculado en la red social y no hay soluciones parciales. En algunos casos, la presencia de activistas libertarios en estas organizaciones es un antídoto para combatir la manipulación por parte de grupos políticos o poderes institucionales. A veces es incluso posible generar formas de funcionamiento autogestionarias y promover que sean asumidas posiciones específicamente anarquistas respecto al tema que originó la movilización. Tampoco merecen despreciarse, en el mar de carencias en que habitamos, pues cualquier mínimo derecho conquistado es un avance que contribuye a que las poblaciones intelectualmente oprimidas amplíen sus perspectivas.

Por ejemplo, un anarquista involucrado en una campaña contra el servicio militar obligatorio podrá señalar la relación entre la militarización social, el armamentismo, los intereses de clan de la oficialidad, la opresión estatal y la sociedad dividida en clases, impulsando objetivos de lucha que vayan más allá de promover modificaciones cosméticas en las leyes y procedimientos del alistamiento militar. De hecho, en éste o cualquier otro tipo de campaña, bastaría con difundir métodos organizacionales descentralizados y basados en grupos pequeños federados entre sí que permitirían apreciar la ventaja de dar a cada miembro mayor oportunidad de auto-desarrollo, impedir la aparición de manipuladores de la organización y mostrar la posibilidad cierta de la autogestión.

Pocos anarquistas afirmarían que movimientos sectoriales como el de los desempleados o el que denuncia la situación carcelaria sean revolucionarios; probablemente ni siquiera consigan por sí mismos el pleno empleo o la desaparición de las prisiones respectivamente, y apenas podrán contribuir a resolver algún problema puntual. Sin embargo, podemos esperar que gracias a ellos se vaya despertando la conciencia política del público y muchos tomen conciencia de cómo funciona esta sociedad realmente. Los grandes logros son el resultado de muchas pequeñas dificultades superadas en los términos humanísticos y éticos de organización que propone el anarquismo, modificando la sociedad al tiempo que las personas se modifican a sí mismas.

En el mundo contemporáneo, la evolución de las campañas en gran escala conlleva casi indefectiblemente la internacionalización de las luchas, más aún cuando hace tiempo que el Estado y demás poderes opresores vienen desarrollando estrategias de contención y represión social que no reconocen lindes nacionales (prácticamente sólo hay fronteras para el desplazamiento de los individuos). En este aspecto, los anarquistas pueden aportar la valiosa experiencia de una larga tradición de internacionalismo, de organización en redes descentralizadas para la comunicación entre activistas de distintos países. Desde fines del S. XIX, el anarquismo logró coordinar importantes movilizaciones por todo el planeta, sin hacer mengua de la autonomía de los grupos nacionales participantes. A esas lecciones históricas de la actividad libertaria necesariamente tienen que remitirse los nuevos movimientos sociales de la alborada del S. XXI, pues ofrecen una perspectiva de integración mundial flexible y respetuosa de las particularidades locales, pero eficaz para unificar globalmente objetivos y acciones, por lo que a los anarquistas contemporáneos les corresponde servir de traductores y divulgadores de esa experiencia a las circunstancias y procesos del presente. La única manera, puesta de manifiesto desde hace mucho, para enfrentar a la globalización de las empresas y del mercado es con una globalización de las luchas de los trabajadores y demás oprimidos. A quien todo esto le suene genérico o irreal, vale remitirlo a los testimonios y análisis actualizados del tema contenidos en el # 19 – septiembre de 2000 – del periódico EL LIBERTARIO de Venezuela < www.geocities.com/samizdata.geo/LIB.html>.


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