IV.2) Actos públicos

Hubo una época y algunos lugares en que las movilizaciones anarquistas de calle reunían a 30 o 40 mil personas en una sola ciudad. Hoy, sin aspirar a semejante convocatoria, los eventos abiertos al público - en ámbitos al aire libre o en recintos cerrados de muchas partes del orbe - vuelven a dar testimonio de la restaurada actividad del movimiento libertario. Se trata generalmente de actos de magnitud modesta comparada con aquellas jornadas, que adoptan diversos formatos (manifestaciones, conferencias, festivales, foros, presentaciones audiovisuales, etc.), donde de una manera u otra se ha ido catalizando un interés creciente por la teoría y la acción anarquista - particularmente entre la gente joven - que no ha dejado de ser reseñado la TV y la prensa del poder, con la alarma y el amarillismo del caso.

La ocasión para tal revitalización de la actividad de calle de los ácratas se ha abierto cuando otras agrupaciones político-sociales e ideológicas renuncian a ella, bien sea por debilitamiento, por considerar que el cultivo de una imagen mediática vale más que la relación física directa, o porque son incapaces de enfrentar abiertamente a un público inquisidor. Como quiera que sea, los anarquistas de todo el mundo aprovechan estas oportunidades para hacer notar su presencia y divulgar sus ideas, ya que la participación del público da pie para eliminar prejuicios y facilitar que nuevos integrantes se acerquen al movimiento, o al menos llame la atención de algunos que empiecen a preguntar y a preguntarse qué significan la bandera negra y la A dentro del círculo.

Mención particular en la actividad pública merece el teatro anarquista, que en años recientes ha conocido manifestaciones tan relevantes como las obras del dramaturgo italiano Dario Fo (Premio Nobel de Literatura en 1997) o los montajes del “Living Theatre” de Julian Beck y Judith Malina. En buena medida se trata de un teatro agitador, que conmueve y cuestiona, buscando ser al mismo tiempo alternativa y continuidad de la actividad pública anarquista más tradicional, pues en buena medida está concebido para la calle y para hacer de su representación acto político; y aun cuando no sea posible para todos alcanzar el nivel de calidad escénica de los mencionados, se ha abierto una posibilidad comunicacional que están explorando diversos colectivos libertarios, cuyo trabajo también indaga en otras expresiones de la escena como la danza, el café-concert, el performance, el happening y la mímica. Esto es así por cuanto el anarquismo entiende que el arte no debe ser meramente un aspecto decorativo de la vida, sino una manifestación creativa de la misma, que debe vincularse a lo que nos conmueve o hace felices.


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