VI.6) “Ángel Cappelletti y su enfoque de la historia social del anarquismo en América Latina”

RESUMEN

El extenso Prólogo que Ángel Cappelletti (1927-1995) escribió para el volumen colectivo titulado EL ANARQUISMO EN AMERICA LATINA, representa a nuestro entender el intento más ambicioso y coherente que se ha hecho en la historiografía contemporánea para afrontar ese tópico, respecto al cual no hubo casi ningún interés en los medios académicos por bastante tiempo. Explicamos cómo en el Prólogo se concretan los resultados de una erudita y analítica labor de investigación sobre el tema que el autor desarrolló por muchos años, con previos logros parciales expresados en innumerables artículos y trabajos académicos que ahora sirven de base para un enfoque totalizador, con una extraordinaria riqueza al exhibir los detalles necesarios, pero a la vez denso en su interpretación de los hechos y sugerente en sus propuestas para posteriores líneas de trabajo. Comentamos aquí los puntos esenciales de la presentación y explicación que hace Cappelletti, destacando el sólido camino que abre para nuevas perspectivas tanto en la Historia Social como en otros ámbitos de la investigación histórica latinoamericana, que no puede seguir obviando los significativos procesos sociales, políticos y culturales que se han vinculado con la actividad e ideales anarquistas y anarcosindicalistas en el subcontinente.

Palabras claves: Ángel Cappelletti, anarquismo, anarcosindicalismo, América Latina, historia, movimientos sociales, ideas políticas, cultura.

[Nota previa: Este texto desarrolla ideas en principio esbozadas al intervenir como ponente en el Foro-Homenaje "Ángel Cappelletti como Anarquista", evento organizado por la Escuela de Filosofía de la Universidad Central de Venezuela, en Caracas, a mediados de 1996. Ángel Cappelletti (1927-1995) nació y murió en Rosario, Argentina, pero los 27 años que vivió en Venezuela entre 1968 y 1994 fueron los más prolíficos en su producción intelectual y académica. Como humanista, como filósofo, como historiador de las ideas políticas y como anarquista, Cappelletti es una figura de obligado conocimiento para todo el que quiera acercarse con tino a cualquiera de estas dimensiones del pensamiento latinoamericano contemporáneo; es por ello que nos ha parecido válido asentar por escrito nuestros comentarios glosando la presencia de la temática del socialismo libertario latinoamericano en la obra de quien, además, fue inolvidable maestro y compañero de utopías y afanes.]

No es exagerado calificar al libro EL ANARQUISMO EN AMERICA LATINA (Cappelletti y Rama - comps. -, 1990) como hito fundamental en la bibliografía del anarquismo latinoamericano. Aun cuando el pie de imprenta indica noviembre de 1990, diversos inconvenientes editoriales retrasaron su aparición pública, así que apenas fue en junio de 1993 cuando salió a la venta en Caracas, en forma por demás restringida al tratarse de un grueso volumen, con pequeño tiraje (1.500 ejemplares en edición de tapa dura y 1.500 en rústica), publicado por la Biblioteca Ayacucho, organismo estatal venezolano que padece los clásicos males de los entes públicos de la cultura en el trópico, por lo cual se deduce que ha sido complicado para los interesados del país tener acceso a la obra por los canales habituales (adquisición en librerías o consulta en bibliotecas), y que resultase muy problemática o hasta inexistente la distribución en el exterior. Pese a todo, esta publicación fue un tributo al esfuerzo de una persona sin cuya voluntad entusiasta y capacidad erudita no es concebible emprender trabajo de tal magnitud y tantas dificultades: el Dr. Ángel J. Cappelletti, quien tomó en sus manos y llevó a feliz término un proyecto que permaneció en suspenso por un largo período tras la muerte en 1982 de quien lo había concebido e iniciado, el historiador y sociólogo uruguayo Carlos M. Rama.

Cappelletti no sólo efectuó la mayor parte de la recopilación de textos prevista en el plan inicial de la obra, sino que encaró la realización de un extenso ensayo sobre las claves históricas, sociales y culturales que marcaron país por país la presencia del socialismo libertario en nuestro subcontinente. Este trabajo prácticamente no tiene paralelo en la historiografía contemporánea, pues apenas ha llamado la atención de los investigadores ocuparse de proponer una visión total y articulada de la presencia del anarquismo en América Latina. De hecho, solamente hay otras dos obras escritas en los últimos 40 años que intentaron examinar globalmente la temática del anarquismo latinoamericano (los libros de D. Viñas [1983] y A. Gómez [1980]); pero a pesar de tratarse de trabajos del mayor interés en sus perspectivas y análisis, están lejos de poder presentar un soporte de datos e informaciones que les permitiera poder aprehender la riqueza y multiplicidad del tema, de modo que en ambos casos se limitan a bosquejar el proceso histórico del anarquismo para unos pocos países del área, mientras el ensayo de Cappelletti expone tal cúmulo de hechos y referencias para sustentar su enfoque del anarquismo latinoamericano, que consideramos que al fin se ha presentado una propuesta definida para construir la historia social del movimiento libertario en la región.

El trabajo sintetiza y da unidad orgánica a los numerosos artículos del autor en publicaciones periódicas sobre aspectos parciales de este vasto tema, algunos de los cuales se encuentran recogidos el volumen HECHOS Y FIGURAS DEL ANARQUISMO HISPANOAMERICANO (Cappelletti, 1991), siendo el obligado preámbulo al compendio documental de 454 páginas, que abarca 18 autores individuales y 6 colectivos, provenientes de 7 países del área, en una recopilación nunca antes hecha de testimonios escritos del anarquismo continental, tomados de las más diversas fuentes - a veces casi rarezas bibliográficas - y que en fecha y motivación van desde un combativo manifiesto obrero paraguayo de 1892, hasta la conceptual crítica a la democracia representativa publicada en 1983 por una intelectual y militante ácrata ítalo-uruguaya (Luce Fabbri). Otros nombres más (como el greco-mexicano Plotino Rhodokanaty, el cubano Enrique Roig San Martín, el exiliado español Abraham Guillén o los “Industrial Workers of the World” de Chile ) podrían agregarse a los que presenta la muestra antológica seleccionada, pero sin duda los que se incluyen en el libro lo merecen plenamente, ya sean individualidades resaltantes como el incansable combatiente mexicano Ricardo Flores Magón, el dramaturgo y ensayista uruguayo Florencio Sánchez, el fogoso intelectual peruano Manuel González Prada, el anarcosindicalista hispano-argentino Diego Abad de Santillán y el fundamental autor brasileño José Oiticica; o colectivos de evidente raíz popular como la Federación Obrera Regional Argentina (FORA), el Partido Liberal Mexicano y la organización anarcosindicalista histórica de Uruguay (la FORU - Federación Obrera Regional Uruguaya -).

En el Prólogo, nombre por demás engañoso para un texto tan denso como éste que comentamos, Cappelletti trabajó con la acuciosidad característica de su amplísima y estimada labor intelectual, culminando lo que a nuestro entender es el examen contemporáneo más agudo y exhaustivo sobre el tema, digno de una calificación mayor a la de "simple esbozo" que su creador le atribuyó con modestia; y no sólo por su extensión de 218 páginas escritas con rigor, pasión y amenidad, sino porque allí se cimientan las bases para el rescate de una historia tan diversa y significativa como ignorada o tergiversada. Las investigaciones sobre el impacto y la presencia del anarquismo en la historia social de Colombia desarrolladas por los miembros del Proyecto Cultural Alas de Xué de Bogotá (Villanueva, Vega y otros, 1993); las vigorosas páginas de Frank Fernández sobre el quehacer y las vicisitudes del movimiento libertario cubano (Fernández, 1997); los múltiples trabajos sobre la trayectoria histórica del anarquismo en Brasil surgidos de la prolífica pluma de Edgar Rodrigues (Rodrigues y otros, 1997); las líneas esclarecedoras que el historiador venezolano Leonardo Rodríguez expone respecto al alcance de la actividad y el ideario anarcosindicalista en nuestro país, en una vasta obra sobre la evolución del sindicalismo nacional que prepara actualmente y de la que se han publicado fragmentos preliminares (Rodríguez, 1993); todos son ejemplos que ilustran respecto a que al texto de Cappelletti le cabrían ampliaciones de detalle, provenientes de estudios más precisos sobre la significación de la influencia libertaria en contextos sociales particulares; pero esto, más que deficiencia, es un reto que plantea el Prólogo al abrir tan amplias vías de información, análisis y reflexión.

Detengámonos a detallar esas vías, para lo cual citaremos extensamente el Prólogo. Para Cappelletti: "... El anarquismo tiene en América Latina una amplia historia, rica en luchas pacíficas y violentas, en manifestaciones de heroísmo individual y colectivo, en esfuerzos organizativos, en propaganda oral, escrita y práctica, en obras literarias, en experimentos teatrales, pedagógicos, cooperativos, comunitarios, etc. Esta historia - continúa - nunca ha sido escrita en su totalidad, aunque existen algunos buenos estudios parciales. Más aún, quienes escriben la historia social, política, cultural, literaria, filosófica, etc., del subcontinente suelen pasar por alto o minimizar la importancia del movimiento anarquista. Hay en ello tanto ignorancia como mala fe. Algunos historiadores desconocen los hechos o consideran al anarquismo como ideología marginal absolutamente minoritaria y desdeñable. Otros, por el contrario, saben lo que el anarquismo significa en la historia de las ideas socialistas y comprenden bien su actitud frente al marxismo, pero precisamente por eso se esfuerzan en olvidarlo o desvalorizarlo como fruto de inmadurez revolucionaria, utopismo abstracto, rebeldía artesanal y pequeño burguesa, etc." (Cappelletti y Rama – comps. -, 1990: X). ¡Ciertamente un fuerte reclamo a los historiadores latinoamericanos!. Pero las páginas mismas del Prólogo son la más patente demostración de su justeza, al evidenciar con tanta claridad la riqueza histórica de la experiencia del socialismo libertario en América Latina.

Como todo pensamiento originado en Europa, la ideología anarquista fue para América Latina producto importado. Esto lo comprendía Cappelletti, pero también que las ideas no son meros productos sino más bien organismos y, como tales, deben adaptarse al nuevo medio y, al hacerlo, cambiar en mayor o menor medida. Por ello, para él, decir que el anarquismo fue traído a estas playas por emigrantes europeos era casi acotar lo obvio. Interpretar el hecho como signo de su minusvalía, lo denunciaba como muestra de estupidez, pues bien debe saberse que hasta la idea misma de "patria" y la ideología nacionalista nos han llegado de Europa.

Cappelletti entiende que el anarquismo no fue solo la ideología de masas obreras y campesinas paupérrimas que, arribadas al nuevo continente, se sintieron defraudadas en su esperanza de una vida mejor y vieron cambiar la opresión de las antiguas monarquías europeas por la no menos pesada de las oligarquías republicanas de América. Fue muy pronto el modo de ver el mundo y la sociedad que adoptaron también masas autóctonas y aun indígenas, desde México (con Francisco Zalacosta y Julio Chávez, dos casi ignorados predecesores decimonónicos de esa indomable tradición de lucha indígena y campesina que ahora encarna el Ejército Zapatista de Liberación Nacional en Chiapas) hasta la Argentina (con Facón Grande, aquel legendario guerrillero gaucho de la Patagonia rebelde en la década de 1910). Con agudeza, Cappelletti anotaba que muy pocas veces se ve que la doctrina autogestionaria anarquista, aplicada a la cuestión agraria, coincidía de hecho con el antiguo modo de organización y de vida de los indígenas de México y Perú, anterior tanto al imperialismo hispano como al imperialismo de los aztecas y de los incas. En la medida en que los anarquistas lograron llegar hasta la población indígena, no tuvieron que inculcarles ideologías exóticas, sino sólo tornar conscientes las ancestrales ideologías colectivistas del calpull y del ayllu.

Explicando la incidencia social del Anarquismo en América Latina, también nos dice Cappelletti: "Por otra parte, en la población criolla se había arraigado muchas veces una tendencia a la libertad y un desapego por todas las formas de la estructura estatal que, cuando no eran canalizadas por las vías del caudillaje feudal, eran tierra fértil para una ideología libertaria. Casi nunca se menciona la existencia (en Argentina y Uruguay) de un gauchaje anarquista, que tenía su expresión literaria en los payadores libertarios. Pero aún prescindiendo de estos fenómenos, que serán considerados sin duda poco significativos por los historiadores académicos y marxistas, puede decirse sin lugar a dudas que el anarquismo echó raíces entre los obreros autóctonos mucho más profunda y extensamente que el marxismo (con la sola excepción, tal vez, de Chile)." (Cappelletti y Rama – comps. -, 1990: XI).

Cappelletti estaba consciente en que el movimiento ácrata latinoamericano no generó en el pasado aportes fundamentales a la teoría del anarquismo, pero recalcaba que desde el punto de vista de la organización y de la praxis produjo formas desconocidas en Europa. Así, la Federación Obrera Regional Argentina fue ejemplo de una central que, siendo mayoritaria (hasta llegar a constituirse, de hecho, entre las dos primeras décadas del Siglo XX, en central única), no hizo jamás ninguna concesión a la burocracia sindical, al mismo tiempo que adoptaba una organización diferente tanto de la Confederación Nacional del Trabajo en España y demás centrales anarcosindicalistas europeas como de la IWW norteamericana. Otro ejemplo, típicamente latinoamericano, es la existencia del Partido Liberal Mexicano, el cual pocos años después de su fundación adoptó una ideología que, sin ninguna duda, era anarquista (por obra, sobre todo, de Ricardo Flores Magón) y que, sin embargo, conservó su nombre y siguió presentándose como partido político (lo que le valió duras críticas de algunos ortodoxos europeos como Jean Grave). Para comprender mejor esta peculiar perspectiva del “magonismo” y su significación dentro del proceso revolucionario que se inició en 1910, sólo cabe referir a los interesados al extenso artículo de Cappelletti sobre los escritos e ideas de Flores Magón, publicado por entregas en cuatro ediciones consecutivas del quincenario anarcosindicalista hispano CNT (Cappelletti, 1996), sin duda un texto ineludible para apreciar con profundidad la trascendencia del gran revolucionario mexicano.

Como movimiento de acción colectiva y si se exceptúa el caso singular del liberalismo magonista mexicano, Cappelletti afirmaba que en América Latina el anarquismo histórico fue casi siempre anarcosindicalismo y estuvo esencialmente vinculado a organizaciones obreras y campesinas. Hubo, sin duda, algunos anarcoindividualistas en Argentina, Uruguay, Panamá, etc., y también algunos anarco-comunistas enemigos de la organización sindical (en Buenos Aires, durante las décadas de 1880 y 1890), pero la inmensa mayoría de los anarquistas fueron partidarios de un sindicalismo revolucionario y antipolítico (no, como suele decirse equívocamente, a-político).

Por otra parte, el anarquismo presentaba también algunos rasgos diferenciales en los distintos países de América Latina, y de ello Cappelletti hizo una magistral síntesis en su trabajo. Así, nos enteramos que en Argentina ha sido, con la FORA, más radical, hasta el punto de ser considerado extremista por la CNT española. En Uruguay ha sido más pacífico, tal vez porque menos perseguido (excepto durante la última dictadura de las décadas de 1970 y 1980). En México ha tenido significación en el gobierno, no solo por la participación del magonismo en la revolución contra Porfirio Díaz, sino también porque la Casa del Obrero Mundial – organismo de fuerte orientación ácrata - y sus "batallones rojos" se aliaron con Carranza en la lucha entre facciones revolucionarias, y porque luego los voceros anarcosindicalistas de la primera Confederación General del Trabajo polemizaron directamente con el propio presidente Obregón. En Brasil, por el contrario, estuvo siempre al margen de toda instancia estatal, y la república militar-oligárquica nunca lo tomó en cuenta sino para perseguir, desterrar o asesinar a sus militantes.

Otro fenómeno original que describe Cappelletti para el movimiento libertario de ciertos países latinoamericanos, entre 1918 y 1923, fue el anarco-bolchevismo. En Argentina, Uruguay, Brasil y México sobre todo, al producirse en Rusia la revolución bolchevique, muchos ácratas se declararon partidarios de Lenin y anunciaron su incondicional apoyo al gobierno soviético, pero no por eso dejaron de considerarse anarquistas. Esta corriente desapareció con la muerte de Lenin, pues quienes decidieron seguir a Stalin ya no se atrevían sin duda a llamarse "anarquistas". Digamos de pasada que un reflejo de estas concepciones lo tuvimos en Venezuela con Pío Tamayo, el esforzado luchador anti-dictatorial muerto en 1936, quien a partir de 1928 instruía a sus jóvenes compañeros de infortunio en las prisiones de Juan Vicente Gómez acerca de "el socialismo de Marx y Bakunin". Para conocer la vida, la obra y el ambiente histórico de este revolucionario venezolano, pueden verse los trabajos de Agudo Freytes (1969) y Sananes (1987), donde hay una descripción del entorno ideológico de la izquierda socialista en el área centroamericana y del Caribe para la década de 1920, con sus heterogéneas combinaciones de marxismo y anarquismo que obviaban la polémica que distanció a ambas teorías en Europa 50 años antes.

Con su sapiencia y juicio preciso característicos, Cappelletti nos ilustra sobre como "en todos los países del área el anarquismo produjo, además de vasta propaganda periodística y copiosa bibliografía ideológica, muchos poetas y escritores que, con frecuencia, fueron figuras de primera línea en las respectivas literaturas nacionales. No en todas partes, sin embargo, fueron igualmente numerosos y significativos. En Argentina y Uruguay puede decirse que la mayoría de los escritores que publicaron entre 1890 y 1920 fueron, en algún momento y medida, anarquistas. En Brasil y Chile, hubo asimismo, durante ese período, no pocos literatos ácratas, aunque no tantos como en el Río de la Plata. En Colombia, Venezuela, Costa Rica, etc., si bien no floreció una literatura propiamente anarquista, la influencia de la ideología libertaria se dio más entre literatos y poetas que en el movimiento obrero. Es importante, hacer notar, sin embargo, que aun allí donde literatura y anarquismo fueron casi sinónimos, como en el Río de la Plata (en el período mencionado), los intelectuales anarquistas nunca desempeñaron el papel de élite o vanguardia revolucionaria y nunca tuvieron nada que ver con la universidad y con la cultura oficial. En esto el anarquismo se diferencia profundamente del marxismo." (Cappelletti y Rama – comps. -, 1990: XII-XIII). La descripción detallada de este tópico ocupa muchos párrafos del Prólogo, proponiendo una estimulante invitación para que los historiadores de la literatura, del arte y de las ideas en América Latina exploren esta línea de investigación hasta ahora tan desatendida.

No rehuyó Cappelletti un problema de capital importancia en la temática que examinó: la decadencia del anarquismo histórico latinoamericano (que no trajo, como el mismo autor afirma, la total desaparición de ideas y actividades libertarias en nuestro ámbito durante el lapso posterior). Atribuía ese hecho en lo inmediato a tres causas histórico-políticas: 1) Una serie de golpes de Estado, más o menos fascistoides, que se producen alrededor de 1930 (Uriburu en Argentina, Vargas en Brasil, Terra en Uruguay, etc.); todos caracterizados por una represión general contra el movimiento obrero, los grupos de izquierda y los anarquistas en especial. En ciertos casos (Argentina) llegan a desarticular enteramente la estructura organizativa y propagandística de las federaciones obreras anarcosindicalistas. 2) La fundación de los partidos comunistas. El apoyo de la Unión Soviética y de los partidos afines europeos les confieren una fuerza material de la que carecen las organizaciones anarquistas, sin más recursos para su sostenimiento que las cotizaciones de sus propios militantes. En algunos países más (Brasil), en otros menos (Argentina), hay anarquistas que se pasan al partido comunista. 3) La aparición de corrientes nacionalistas-populistas (más o menos vinculadas con las fuerzas armadas e inclusive, a veces, con los promotores de golpes fascistoides).

Al analizar dichas circunstancias, Cappelletti explica como la particular situación de dependencia en que se encuentran los países latinoamericanos ante el imperialismo europeo y, sobre todo, norteamericano, deriva la lucha de clases hacia las llamadas luchas de "liberación nacional". Los trabajadores visualizan la explotación que sufren como imposición de potencias extranjeras. La burguesía (nacional y extranjera) vinculada a ciertos sectores del ejército y la iglesia católica, los convence de que el enemigo no es ya el Capital y el Estado, sino solo el Capital y el Estado extranjeros. Esta convicción (hábilmente inducida) es la causa principal de la decadencia del anarquismo histórico latinoamericano. Todo lo demás es secundario, inclusive las dificultades intrínsecas que se supone afectan a una organización anarquista en el mundo actual (tal como serian la necesidad de hacer funcionar sindicatos sin burocracia y la real o aparente inviabilidad de sus propuestas concretas).

No obstante, Cappelletti siempre confió calmadamente en que la situación del socialismo libertario en el subcontinente se modificaría en un sentido positivo para su reaparición como fuerza social, lo cual empezó a vislumbrarse en los años posteriores a la redacción del Prólogo (escrito hacia 1988). De ello tuvo exacta conciencia y, al respecto, no podemos dejar de mencionar un hecho que para él fue sintomático: al llegar a Venezuela en 1968, encontró que acá el ideal anarquista era asunto de un menguante puñado de exiliados veteranos, en su mayoría ibéricos; al irse en 1994 se despedía de un pequeño pero creciente movimiento ácrata, integrado esencialmente por gente joven nacida y activa en diversas zonas del país. Agregaremos que este neo-anarquismo venezolano es parte de un fenómeno latinoamericano, que parece correlacionado con procesos que también ocurren en otras latitudes, donde resurgen agrupaciones, actividades e ideas libertarias que recogen la tradición de Proudhon, Bakunin, Kropotkin y Malatesta en tanto herencia que armoniza con los nuevos contextos de organización horizontal y autogestionaria, ecologismo, feminismo, reconocimiento y valoración de la diversidad étnico-cultural, construcción de alternativas tecnológicas y de modo de vida, contracultura, y posibilidad de acceso e intercambio en el ciberespacio; combinación que puede explicar el atractivo que vuelve a tener el anarquismo para jóvenes en todo el planeta.

Tanto el Prólogo como la Selección de Textos del libro que comentamos hacen referencia central al período entre fines del Siglo XIX y comienzos del Siglo XX. De hecho, la Cronología que Cappelletti preparó para este volumen va de 1861 a 1940 (Cappelletti y Rama – comps. -, 1990: pp. 457-481), pues dentro de ese lapso el anarcosindicalismo como movimiento social y el pensamiento ácrata como referencia cultural alcanzaron innegable relevancia en Latinoamérica, siendo mérito básico de la obra describir esa realidad para cada país del área, en toda una multiplicidad de expresiones y vínculos que son apenas conocidos hasta para la nueva generación que hoy procura impulsar el renacimiento libertario entre el Río Grande y la Tierra del Fuego.

Concluyamos apuntando que para nosotros el sentido de la recuperación consciente de la memoria inexplorada y amplia del anarquismo latinoamericano, no va en plan de sentimentalismo nostálgico ni de consagrar otra mitología histórica para afrontar dogmas positivistas, liberales o marxistas, pues se trata de rescatar el significado vivo que ese pasado tan fértil tiene para el presente y futuro de las luchas sociales en el continente. Es en tal ánimo que proponemos leer y debatir EL ANARQUISMO EN AMERICA LATINA, y esa sería tanto una tarea inaplazable para quienes se ocupan e interesan en la historia social de Latinoamérica, como también el homenaje más consecuente a la memoria de Ángel Cappelletti.

Bibliografía
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Pío Tamayo y la Vanguardia. Caracas, Biblioteca UCV.

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CAPPELLETTI, Ángel (1996)
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CAPPELLETTI, Ángel y Carlos RAMA (1990)
El Anarquismo en América Latina (Prólogo y cronología: A. Cappelletti; selección y notas: C. Rama y A. Cappelletti), Caracas, Biblioteca Ayacucho. Prólogo: CCXVIII páginas. Selección de Textos, Cronología e Indice: 490 páginas.

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RODRIGUES, Edgar y otros (1997)
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RODRÍGUEZ, Leonardo (1993)
“Conociendo al Anarcosindicalismo Venezolano”. CORREO A. Caracas, # 22, pp.16-17. (También en: <http://www.geocities.com/samizdata.geo/CorreoA.html>)

SANANES, Mary (1987)
Pío Tamayo, una Obra para la Justicia, el Amor y la Libertad. Caracas, sin editorial.

VILLANUEVA, O., VEGA, R. y otros (1992)
Biófilo Panclasta, el Eterno Prisionero. Bogotá, Proyecto Cultural Alas de Xué.

VIÑAS, David (1983)
Anarquistas en América Latina. México, Katún.

(ESTUDIOS HISTÓRICOS - Anuario del Instituto de Estudios Hispanoamericanos de la Fac. de Humanidades y Educación, Universidad Central de Venezuela -, Nº 9, 1997, pp.237-247)

(1)Organización que existió entre los años de 1910 y 1920; tomó el nombre, los métodos y la ideología sindicalistarevolucionaria de los “wobblies” norteamericanos, pero funcionando independiente de estos.


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